jueves, 6 de agosto de 2009

Próximamente...

El barco se había averiado a algunas millas del puerto: tenía una hélice rota y el desembarco iba a retrasarse aún unos días. Consuelo Suncín aguardaba en tierra. Acababa de atravesar en tren más de media Francia y toda España para reunirse en Almería con él. Antoine de Saint-Exupéry. El hombre de su vida. El gigante, el aviador. El mago que algún día terminaría escribiendo ‘El Principito’ y dibujando para ella el personaje de la Rosa, pero que por entonces sólo había conseguido dejarla plantada en el altar. “Me casaré contigo”, le había prometido de nuevo, “espérame en Almería”.

3 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Qué hermoso y perturbador párrafo. Y su título. Gracias.

Morgana dijo...

Gracias a ti, Mariel. Antoine de Saint-Exupéry había viajado hasta mi ciudad, Almería, desde Buenos Aires :) A ver si me animo y cuelgo el texto entero.
Besos transoceánicos.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Sí ... me encantaría leerlo. Hay un brazalete de plata en la historia del aviador, encontrado por un pescador en una playa. Siempre me conmovió ese detalle (y aunque la información sea falsa, me conmueve igual; ¿quién se atrevería a distinguir la ficción de la realidad?)