Hombre, a veces sueño con la fruta de tu cuerpo. A veces pienso que deslizo la lengua por los caminos de tu piel tibia, y descubro, a medida que avanzo, la senda que divide tu espalda o aquellas otras, delicadas, que se cruzan en tu cintura.
Hombre, a veces sueño con dormir atrapada en la enredadera de tus brazos. A veces pienso en postrarme ante tus ingles todopoderosas para invocarte.
Hombre, eres luz y alimento. En el preciso instante en que me invades les rezo a los otros dioses, los que no somos, para que no se desvanezca la certidumbre de lo eterno. Les pido que el amor se extienda sobre la tierra como el polvo de oro que ahora esparzo sobre ti.
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